jueves, 12 de enero de 2017

159,6 KM

Hola!!  Hoy quería hablar de un tema que creo que nos toca/ ha tocado a tod@s: la distancia. ¿Quién no tiene a alguien querido a varios kilómetros de distancia? Una amiga de la infancia que se ha mudado, un vecino que se fue buscando trabajo, tu compañero de universidad que vive en el otro extremo de Galicia, los amigos que haces en un campamento de verano,... 
Cuando sabéis que la separación es inminente, que pasarán muchos meses (e incluso años) hasta que os volváis a ver, o que eso igual ni siquiera pasa, las promesas son muchas. "Prometo ir a verte, prometo recibirte cuando vengas a verme, prometo escribirte, prometo felicitarte todos los días especiales, prometo acordarme de ti cada vez que oiga o vea cosas que hacíamos, prometo muchas llamadas interminables por skype poniéndonos al día, prometo,..." 
Todos sabemos que pasa con esos juramentos. Al principio parece que resistirán los cortes del filo de la espada que es la distancia, pero ¿a quién queremos engañar? Poco a poco ese lazo se va a ir debilitando, es inevitable. No me refiero a que el contacto se llega a cortar del todo para siempre, porque no tiene por qué ser así para nada. Pero nunca volverá a ser lo mismo, nunca será lo que era en esos momentos que pudisteis disfrutar al estar juntos.
Y eso duele. Hay quien dice que la distancia solo ayuda a fortalecer relaciones, que es tu mejor aliada para saber quien importa de verdad, quien piensa en ti y no te olvida. Pero eso es mentira. La distancia es un arma muy peligrosa, que amenaza con disparar y destrozar todo en cualquier momento. No ayuda a que las amistades se fortalezcan, ni mucho menos. Solo consigue que se deterioren, que esos dos caminos que un día se juntaron vuelvan a separarse, probablemente para no volver a juntarse nunca más. 
Pero es lo que hay, lo sabes desde el principio. Lo bueno de estas amistades son los momentos en los que estabais en el mismo lugar. Recuerda a esa persona por eso, y, de vez en cuando, deja que los recuerdos de esos días florezcan de nuevo, sonríe y piensa en lo que le echas de menos, hasta la próxima vez que pienses en él/ella.

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