martes, 18 de julio de 2017

TENGO GANAS

Supongo que soy tonta. Que me ilusiono a la mínima, que quiero demasiado. Que eso solo me sirve para pasarlo mal.
Pero joder, como me habría gustado haber acertado con cada sueño. No haber experimentado tanta desilusión. No haberme dado tantos golpes. Pero es el precio que hay que pagar por vivir con ganas, no?
Y es que tengo muchas ganas. Muchísimas. De mejorar, de descubrir, de gustar. De ti. Tengo muchas muchas ganas de ti. Y la verdad es que me agobia no saber si tu las tienes de mí. Y me mata pensar que no es así.
Porque me da igual las veces que me digan que me olvide. Simplemente porque no puedo.
Nunca me había dado tan fuerte por alguien que conozco tan poco. No lo entiendo. Y veo que tú tampoco. Y duele. De nuevo, no te imaginas cuanto.
Así que sí, toca esperar. Esperar por ti, o por otro, o a que se me pase, o... yo que se. Esperar. Tiempo al tiempo, no?

sábado, 8 de julio de 2017

NOCHE DE MAGIA

¿Cómo describir un instante que te dejó sin aliento? Cuando las palabras se quedan cortas solo puedes intentarlo.
Y lo intentaré, pero no se cómo hacer que esas sensaciones tan intensas queden plasmadas en una hoja en blanco.
Y es que fue increíble como empezó. Como de pelíula ñoña de domingo por la tarde. Con la música de fiesta de fondo. Las estrellas brillando. La gente celebrando San Juan, tan ajenos a nosotros. Y tú, tan alto, tan guapo, tan tú, me rodeabas a mí, tan pequeña, tan torpe, tan tímida.
Y los fuegos artificiales aún no estaban preparados, pero para nosotros empezaron dos horas antes. Y el mundo se detuvo. Durante media hora solo existimos tú y yo. Tus labios, tus manos, tus ojos, tú. Perfecto. Simplemente.
Nunca nadie me había explorado como hicieron tus manos, con esa suavidad y esa intensidad tan bien alternadas. Si es que hasta fue perfecto cuando introdujiste tu mano en el bolsillo de mi pantalón cortito de flores.
Por eso gracias. Gracias por echar a tu amigo, por nuestra media hora de gloria. Por volver a por mí dos horas después. Por los instantes en los que nuestras miradas coincidían y nuestros labios decidían sonreir a la vez. Por tus intentos de cantar entre beso y beso. Por hacerme sentir en las nubes. Por calentarme las manos, por ofrecerme tu sudadera aunque no me la pusiera. Gracias. Por todo. Fue mágico.
Y ahora que los dos sabemos que esa magia no va a volver a repetirse, solo nos toca recordarlo con más cariño todavía.